Invadir Italia y ganar en su propio jardín
El 21 de septiembre de 1984, en el Palazzetto dello Sport de Novara, Italia, Mario Rodolfo Agüero se convirtió en leyenda. Con dos goles que hundieron al equipo local frente a su propio público, Argentina ganó su segundo campeonato mundial de hockey sobre patines.
Fue inédito: por primera vez en 16 participaciones internacionales, el seleccionado conseguía dar la vuelta olímpica fuera de Argentina.
El contexto lo hacía todavía más extraordinario. Como cuenta la historia, Italia y Argentina tienen una relación particular con el deporte y con el orgullo. Jugar en el Palazzetto dello Sport de Novara, ante la hinchada italiana, con la presión de ser el equipo visitante que se anima a ganarle al anfitrión, requería un carácter especial. El equipo de Miguel Gómez —que debutaba como entrenador mundialista— lo tenía.
La delegación combinaba la experiencia curtida en Europa de Daniel Martinazzo, Carlos Coria y Mario Agüero (los tres habían ganado en 1978 y jugaban en clubes italianos y españoles de primer nivel) con la frescura de dos arqueros muy jóvenes: Oscar Hidalgo, de 19 años, y Gustavo Bueno, de 18.
Argentina llegó a la definición invicto, ganando nueve partidos consecutivos. Venció a Alemania (7-2), Estados Unidos (3-2), Brasil (3-0), Portugal (4-3), España y finalmente llegó a la última fecha sabiendo que el título estaba a su alcance.
Frente a Italia, en su casa, Agüero marcó el primero y el segundo. El 2-1 final mandó al seleccionado argentino a festejar en tierras italianas, ante una hinchada que minutos antes los había colmado de hostilidad.
La prensa especializada eligió al equipo argentino como el mejor del torneo, con Oscar Hidalgo en el arco, y Fredy Luz, Mario Rubio, Daniel Martinazzo y Mario Agüero como los cinco titulares ideales. Cinco argentinos. Cinco jugadores de un equipo que había aprendido a ganar lejos de casa.

El palo de esta final
Novara 84
El Novara 84 nació de ese partido. De la garra que se necesita para ganar en casa ajena. Fue diseñado para el jugador que domina el pase y el control: el cerebro del juego, el que teje las jugadas antes de que el rival las entienda.

