Un gol. En tu casa. Ante tu gente.
Había 12 equipos en el torneo. Solo dos llegaron a la final. Y cuando sonó el pitido inicial en Reus, Cataluña, el 12 de junio de 1999, todo el peso del mundo cayó sobre un solo jugador: Gabriel Cairo, el mendocino que jugaba para el FC Barcelona, que conocía cada centímetro de esa cancha, que vivía a pocos kilómetros de donde se estaba jugando la final del mundo.
Ese día, Gabriel Cairo convirtió el único gol del partido. Argentina 1, España 0.
El torneo había sido un viaje largo. Argentina venció a Chile (5-2), Mozambique (10-1), Suiza (3-0), empató con Portugal (1-1), aplastó a Angola (12-1), superó a Francia en cuartos (10-0) y eliminó a Italia en semifinales por penales tras empatar 2-2. El camino al título había pasado por todo tipo de instancias, y el equipo de Miguel Gómez llegó a la final templado y sin miedo.
Del otro lado, España. En su casa. Ante su gente. Con el Reus Deportiu, uno de los clubes más fuertes del mundo, como anfitrión local. La presión era enorme para los argentinos.
En ese contexto, Gabriel Cairo tomó la bocha, hizo una diagonal perfecta y disparó con violencia al ángulo. El arquero español no llegó. 1-0. Y Argentina se encargó de defender ese resultado con una solidez defensiva que desmoralizó a España durante todo el tiempo restante.
Cairo fue el máximo goleador del torneo con 14 conquistas. Junto a él brillaron los hermanos José Luis y David Páez, Carlos Lopez, Facundo Salinas, Raúl Monserrat y Juan Oviedo. Miguel Gómez completó así su historial de tres títulos mundiales como entrenador.

El palo de esta final
Reus 99
El Reus 99 lleva el nombre de ese partido y de ese gol. Fue diseñado para jugadores rápidos y técnicos, gambeteadores, los que cambian el ritmo cuando el partido está cerrado. Igual que Cairo en aquella final: cuando llegó el momento, no dudó.

